El propósito de mantener esta conversación abierta es lograr que, en un futuro cercano, cada profesional sienta la plena libertad de ser auténticamente él o ella mismo/a en su puesto de trabajo. Mientras haya compañeros que sientan la necesidad de ocultar una parte de su identidad por temor a un comentario, a un prejuicio o a un trato desigual, contar con estos espacios de diálogo y apoyo seguirá siendo necesario. Cuidar la diversidad implica, en esencia, cuidar de realidades, de vidas y del bienestar de las personas con las que compartimos nuestro día a día.
Hablemos con propiedad: Igualdad, Equidad, Diversidad e Inclusión
Para pasar a la acción, primero debemos entender de qué hablamos. En nuestras formaciones anuales aprendemos a diferenciar conceptos clave: la igualdad busca garantizar las mismas oportunidades para todos, mientras que la equidad consiste en dar un apoyo proporcional a quien tiene mayores dificultades. Por su parte, la diversidad es la presencia de una variedad de perfiles, pero lo que marca la diferencia real es la inclusión: el acto de valorar de forma activa esas diferencias para que cada individuo se sienta seguro, respetado y escuchado.
“La igualdad, la diversidad y la inclusión no son metas estáticas, sino un proceso continuo de aprendizaje, escucha activa y deconstrucción de prejuicios. El compromiso individual de cada asistente es la base para lograr un cambio colectivo real”
Las barreras invisibles y el desafío de los sesgos
En el día a día, la discriminación tiende a manifestarse de forma sutil a través de barreras comunes conocidas como microagresiones. Son actitudes, comentarios o acciones sutiles y cotidianas que, aunque no siempre sean malintencionadas, comunican desprecio o rechazo hacia personas de grupos históricamente marginados. Entre ellas encontramos los microasaltos (comentarios explícitos), los microinsultos (frases disfrazadas de halagos) o las microinvalidaciones (minimizar la experiencia de alguien).
Un área donde estos prejuicios están cobrando una relevancia crítica es en la Inteligencia Artificial. La IA se alimenta de nuestros propios datos y, si no somos cuidadosos, replica y agrava sesgos que ya existen en la sociedad. Para contrarrestar esto y hacer un buen uso de estas herramientas tecnológicas, el ciclo de aprendizaje debería ser continuo y basado en escuchar, mostrarse abierto, preguntar, respetar, apreciar y aprender.
Compromiso diario y responsabilidad compartida
Evitar estas situaciones es un trabajo de todos. Para aplicar estos principios de forma práctica, se recomienda implementar rutinas como el uso de un lenguaje inclusivo y claro, aplicar procesos de selección ciegos (omitiendo datos como el género o la fotografía) y mantener una formación continua de los equipos.
Más allá de las obligaciones de la empresa o de los responsables de equipo, cada uno de los compañeros tiene el deber de tomar una actitud activa ante situaciones no deseadas. Para cerrar este mes con mucho orgullo, te invitamos a hacerte unas preguntas que planteamos a nuestros equipos:
- ¿Has presenciado en el último año algún comentario, «chiste» o broma sobre el colectivo LGTBIQ+ en el entorno laboral?
- ¿Qué tan cómodo/a te sentirías si un compañero de equipo te corrige en público por usar un pronombre o término incorrecto?
- Si un/a compañero/a trans decide hacer su transición en la empresa, ¿crees que la cultura empresarial está 100% preparada para apoyarle?